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Thomas y Wiebke es el título del último proyecto de Ángel Masip, además de los nombres de quienes compartieron con él la captura de las imágenes. Estos escenarios, desconocidos y a la vez comunes para todos, nos devuelven a la búsqueda de una visión auténtica a través del paisaje, en la cual los recursos juegan en favor de transmitir la intensidad vivencial y emocional de cada lugar.
En esta búsqueda, las referencias al mundo del diseño de su obra anterior parecen reducirse. Pese a lo interesante de la propuesta, éstas podían leerse como una paradoja de la relación artificial que a veces los artistas tenemos con las imágenes que “manipulamos” (“un muro de ceros y unos”, como me gusta decir) y me hace pensar que quizás es inevitable, incluso para el más contemporáneo de los paisajistas, probar a deshacerse de artificios y construir a partir de la memoria más visceral. Esa en la que la fotografía se mezcla con la proyección del recuerdo del lugar y hace que ninguno de esos sitios vuelva a ser el mismo después de nuestra visita.






Hoy traigo la obra de un artista británico cuya obra me interesa por su manera de acercarse al paisaje. Influenciado por conceptos post minimalistas generalmente aceptados por nuestro modo de vida y cultura, Blaise Drummond utiliza espacios arquitectónicos de van der Rohe o Le Corbusier como lugares para una existencia idealizada.
En sus obras se puede percibir esa ya tenue relación entre naturaleza y cultura, en la que ha desaparecido la generosidad natural y la vista se fija en lo que importa allí según nuestros patrones de modernidad. Campos de cricket, zonas de picnic, bosques y vistas panorámicas como parajes áridos, no exentos de belleza, donde cada elemento parece flotar en un equilibrio inestable.
La visión precisa y refinada de Blaise Drummond nos permite reflexionar acerca de nuestra artificial y procesada relación con nuestro entorno, siempre con una distante y gélida mirada hacia un nuevo comienzo.






Tan sólo me hizo falta leer la entrevista en el pasado suplemento dominical de El País a Philipp Fröhlich para saber que debía acercarme a la galería Soledad Lorenzo. Allí es donde el artista alemán, afincado en Madrid desde 2002, expone hasta el 5 de enero un conjunto de témperas de gran y medio formato aglutinadas con el título “Beachy head”.
El artista fija su atención en sucesos encontrados a través de diferentes medios: literatura, fotos viejas, noticias.. los cuales le llevan a realizar maquetas que luego traslada al lienzo. Estas maquetas, en sus propias palabras, le sirven como “muletas” en las que apoyarse, además de permitirle juegos de iluminación específicos e imposibles en condiciones normales, que sin duda dotan a sus imágenes de una plasticidad muy sugerente.
El halo simbolista y fantástico que pintores actuales como Peter Doig parecen querer avivar y una pincelada metódica pero suelta que inevitablemente recuerda al puntillismo (en su versión más estridente), contribuyen al disfrute de estos enigmáticos escenarios. Una exposición muy recomendable
The royal art lodge es un grupo de artistas canadiense que, desde 1996 y con diversos cambios en su formación, se reune todos los miércoles para trabajar de forma conjunta. Actualmente está formado por Michael Dumontier, Marcel Dzama y Neil Farber, y la galería Espacio Mínimo expone hasta el 20 de Octubre su primera muestra individual en España.
El resultado: pinturas de ejecución rápida y a menudo infantiles cuyo visionado, siempre rozando una línea absurda entre lo inocente y lo perverso, da un sentido global del trabajo y la aportación de cada uno de los integrantes.
Entre las fotos que adjunto he incluido varias de su estudio, ya que para mí lo refrescante de descubrir trabajos conjuntos como éste es imaginar otras maneras posibles de plantear un proyecto, y el lugar de trabajo da muchas pistas..
El otro día caminaba por Noviciado, y me quedé quieto fijándome en el cierre pintado de una frutería. Un mural muy colorido y delirante con un estilo único: el de 3ttman.
Éste artista francés está reviviendo las fachadas de buena parte de nuestras calles, y está consiguiendo devolverme el gusto por el buen graffiti. A diferencia de los horribles tags y demás firmas y meadas territoriales, el estilo de 3ttman tiene gran inventiva, un mundo propio y, según cuenta en esta entrevista, una gran vitalidad y ganas de hacer cosas.
Encima de éstas líneas dejo varias imagenes de sus trabajos..
Buenas nochesss :)
Hola!
Tras meses y meses (quizá demasiados) de quita y pon, “puesyaques..” y retoques infinitos, por fin puedo decir que arturoprins.com, la web en la que Arturo y yo hemos puesto tanta ilusión, está online.
La idea inicial era crear un sitio web que recreara el universo de Arturo, una casa donde él se sintiera cómodo mostrando y compartiendo; para ello había que adaptar el lenguaje web a algunas cosas que él me pedía, a priori bastante poco digeribles para un navegador medio: todo tipo de bichitos y partículas revoloteando, botones de esmeralda y amatista, pagodas que se evaporan al pasar el ratón por encima.. Yo estoy muy contento con el resultado.
Ah! Y en la esquina superior derecha tenéis la banda sonora que hice para su última exposición, y que he metido como fondo sonoro. Podéis cambiar de canción en los botones de colores que salen tras desplegar el menú.
Espero que os guste! ;P
Hoy escribo para mostrar un proyecto que Jose Luis Serzo tiene entre manos:
De los sueños de I Ming, “pequeño-amarillo”
Aquella tarde, un gran nubarrón se sostuvo inmóvil, durante algunas horas,
sobre los tejados puntiagudos de Zhouzhuang.
I Ming paseaba cerca del gran estanque,
entretenido en el pliego de un viejo tebeo sacado de la basura.
Y tal vez fuera éste, o quizá, su gran sombrero azul,
lo que llevó a I Ming, a cruzar el estanque sobre sus aguas,
ante los ojos de dos o tres atónitos testigos.
Es amigo de Blinky Rotred, el hombre cometa, narrador de todos sus sueños y quien aprende del “pequeño-amarillo”, la maestría para volar las cometas, pues I Ming, entre otras cosas, encarna la sabiduría milenaria para manejo de este sencillo y elegante artefacto.
Blinky nos cuenta de I Ming, que nunca vio en él un niño corriente,-” sus ojos delatan la sensatez e inteligencia propia de un anciano, pero con la frescura y entusiasmo del niño”- afirma.
Un niño que carece (todavía?) de cierta educación-cultura con sus prohibiciones, frustraciones y miedos, y por eso mismo quizá viva experiencias de lo más fantásticas y extraordinarias.
Blinky asegura haber sido testigo en alguna de ellas, pero continuamente podríamos dudar de que hay de realidad y ficción en lo que nos cuenta, o de si acaso eso sea lo verdaderamente importante.
































