
Todas las personas tienen su doble, dice el mito del Doppelgänger. En algunas leyendas, ver el propio Doppelgänger es un augurio de muerte. Quizás una forma como muchas otras de superstición, o una erupción del arquetipo del doble, pero la idea de que haya alguien igual que nosotros, un Alma gemela en alguna parte del mundo, es muy seductora.
Hace tiempo que no dedico una entrada de mi blog a una película. La doble vida de Verónica, de Kieslowski, me ha dejado aturdido. Es la primera vez que veo una película del gran director polaco, y llevo ya tres días recordando el aria interpretada por Weronika como un mantra, estremecido.
Una bellísima Irène Jacob interpreta a las dos Verónicas (Weronika y Véronique) que viven en dos ciudades distintas en Polonia y Francia. Weronika es apasonada y alegre, descuidada con su enfermedad cardíaca, mientras que Véronique es más cauta y misteriosa. Físicamente iguales, ambas presienten ese otro yo con el cual comparten los sentimientos más profundos.
La fotografía usa un color dorado que llena las imágenes de una atmósfera irreal, y la música de Zbigniew Preisner es maravillosa. Pura poesía audiovisual. Os la recomiendo con entusiasmo; me falta mucho cine por ver, pero ésta es de esas pocas veces que he experimentado algo tan único viendo un film.

Escribo para comunicaros que hasta el próximo 30 de diciembre participo en Paisajes imaginarios, exposición colectiva temática en la cual se pretende dar una oportunidad al la cara más imaginativa y creativa del género del paisaje. Entre los artistas participantes están habituales de la galería: Dis Berlín, José Luis Mazarío o Emilio González Sainz, junto a algunos que ya mantuvieron una vinculación con Siboney como Guillermo Pérez Villalta o Charris.




















