Un ready made canalla

El pasado miércoles una estantería repleta de material de pintura se desplomó, rompiendo el espacio por completo y casi cortando el aire con el sonido agudo y estrepitoso de cientos de cacharros golpeándose.

 

Algo extraño ocurrió durante aquellos dos o tres segundos; después yo y mi estudio nos convertimos en un papel en blanco porque nada parecía casual. Aquel montón de objetos arrojados contra el suelo no eran un inconveniente sino un rastro a seguir.

 

Algunas de las piezas en las que estoy metido estos últimos meses muestran grandes aglomeraciones de objetos. Montones de libros, cajas, comida y plantas, acumuladas a veces en espacios delicados. En el espacio donde trabajo siempre ha existido una fuerte necesidad de orden, constantemente quebrada por un profundo desagrado hacia la misma. Y debe ser así para mantener las correas tensas, los músculos tirantes. Pero nunca pensé en mi estudio como un ser vivo que adopta todos los días mis proyectos o deseos no siempre alcanzados, ni por supuesto que pudiera delatar algunos excesos.

 

El otro día mi estudio cogió su propio grafito y trazó un dibujo salvaje. Un ready made canalla que decidió no sólo el curso del día, sino el de algunas obras que pedían desde hace tiempo un atropello.

 

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  1. Pues atropella, hijo mío. ¡No dejes a uno en pie!
    y de paso te miras mi blog, que tengo entrada nueva y nadie me comenta. snif!

    07 / 23 / 15:25

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