3 de abril de 2007

En mi visita a Nueva York el pasado Diciembre pude disfrutar de una gran exposición retrospectiva de Kiki Smith en el Whitney Museum of American Art. Anteriormente conocí­a poco más que su nombre, ya que es una de las artistas más significativas de su generación.

Su obra sorprende no solo por su impacto sensual, sino por la cantidad de materiales que usa: seda, papel, vidrio, cerámica, bronce, cera o silicona, entre otros. Organizada de manera cronológica y en base a tres grandes “reuniones” (utilizando un término de la propia artista, en función de los soportes empleados) la muestra reuní­a un conjunto de esculturas, fotografí­as, dibujos, pinturas e instalaciones que nos acercaban de manera precisa a su estudio y visión del cuerpo humano.

En los últimos tiempos, su universo plástico se ha enriquecido con nuevas ví­as de investigación que han complementado las formas humanas con aspectos subjetivos relacionados con la religión, el folclore, la mitologí­a, la naturaleza, el feminismo o incluso la historia del arte, de la que ella constituye ya una figura destacada.

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